El Ying Yang está de moda y es símbolo de nuestros tiempos

Lecturas de tarot, sahumerios, cristales, horóscopos y eclipses: el misticismo está de moda y es ineludible en Instagram. Pero no es una cuestión superficial, hay una explicación que tiene que ver con la psicología de nuestra generación. "Según la American Psychological Association los millennials son la generación más propensa a sufrir estrés y necesitan encontrar nuevas respuestas. Viven en un mundo dominado por la prisa, con constantes cambios y una incertidumbre por el futuro que los lleva a buscar su camino en las disciplinas de autoconocimiento. De a poco, van dejando los mitos y los miedos de lado para reencontrarse con las técnicas milenarias", explica Florencia Pujadas en esta nota de Galería.


Por eso no me sorprende que en las últimos meses varias marcas hayan incorporado el símbolo del Ying-Yang a sus colecciones. De origen chino, representa la dualidad, de fuerzas opuestas opuestas pero complementarias, reflejo de un universo interconectado. Luz y oscuridad, bien y mal, negativo y positivo. Conocido también como símbolo Tai Chi, consiste en dos mitades que representan cada una de esas fuerzas. Sus límites son ondulados, reflejando que no hay una línea divisoria clara entre las dos mitades. Incluso cada una lleva un punto del color de la otra, porque no pueden existir por sí solas.


El concepto es complejo y sencillo a la vez —de nuevo, la dualidad— y refleja exactamente lo que estamos sintiendo en medio de la pandemia. Las noticias son oscuras (por nombrar algunas, parece que Bolsonaro va a ser reelecto, hubo una gran explosión en Beirut y el norte de Argentina está prendido fuego) y todo apunta a que deberíamos desanimarnos, pero sin embargo buscamos el equilibrio cuidándonos ya sea con una máscara facial o con una clase de yoga online. Por un lado nos quejamos de que estamos siempre agotados y, por otro, nos la pasamos intentado monetizar nuestros pasatiempos (a fin de cuenta somos nuestros propios explotadores, como dice Byul-Chul Han). Nos quejamos de la soledad, pero no buscamos la conexión. Nos pasamos horas mirando la pantalla del celular, pero fantaseamos con irnos a vivir a un bosque sin conexión a internet. Hacemos pan de masa madre, pero pedimos todos los ingredientes a través de una aplicación.


Estamos llenos de contradicciones, de fuerzas opuestas, y el misticismo del Ying-Yang nos representa mejor que nunca.